Al amor de mi
vida:
Es curioso,
tenía tantas cosas que decirte, y sin embargo ahora no sé cómo empezar.
Ha pasado
mucho tiempo desde la última vez que hablamos antes de tu partida a la guerra y
aún recuerdo a la perfección aquella conversación. Estábamos tan enamorados,
cada uno vivía para y por el otro, teníamos toda la vida por delante para estar
juntos cuando me dijiste que tenías que irte a una misión secreta, que no
podías decirme dónde, pero que volverías. Supuse que ser la pareja de un
soldado era así y que todo pasaría y volverías como dijiste. Pero no volviste,
me dijeron que habías muerto en una emboscada. Tardé mucho tiempo en superarlo,
en volver a salir, a sonreír. Él estuvo ahí, apoyándome, consolándome,
cuidándome, mientras yo lloraba por ti día tras día. Y al final pasó algo que
no estaba previsto, nos enamoramos. Le culpaste a él, tu mejor amigo, por algo
que había sido culpa de los dos. Él también sufrió tu muerte y nunca se perdonó
el haberte traicionado enamorándose de mí. Pero, ¿Quién iba a imaginar que en
realidad te habías salvado?
En el momento
que volviste y te vi venir hacia mí, me invadió una alegría tan inmensa como la
profunda tristeza que se sumía en mi corazón. Me encontré con dos amores
diferentes al mismo tiempo. Jamás pude olvidarte, tú eras mi amor, mi futuro,
mi sueño. Yo quería pasar mi vida contigo, viendo cada atardecer a tu lado,
pero la vida no me preguntó que quería. Aquel día, el día de tu vuelta, acababa
de descubrir que estaba embarazada.
Pude decirte
que te amaba, que quería irme contigo lo más lejos posible de todo y de todos y
vivir como siempre quisimos vivir, solos tú y yo. Nada de eso hubiese sido una
mentira. Pero entiende que no podía ser egoísta y pensar sólo en mí, cuando en
realidad estaba esperando un hijo de otro. A él también le quería, aunque era
un amor distinto, fácil, sencillo, suave… Así que decidí quedarme junto a él
para tener nuestro bebé y, así, ser una familia, a veces pienso que tal vez me
equivoqué. He sido muy feliz en mi matrimonio y tengo unos hijos y unos nietos
a los que adoro. Y sin embargo, algo me falta, me faltas tú.
Recibí todas
y cada una de las cartas de amor que me has mandado a lo largo de todos estos
años, por cada una, escribí una en respuesta. Nunca las envié, las mantuve a
buen recaudo esperando poder dártelas en mano algún día. Y aunque sé que no
tengo derecho a decirte esto ahora, tengo que hacerlo ya que es lo último que
me queda por hacer:
Te quiero.
Siempre te he querido y siempre te querré. Te quedaste una parte de mí que
jamás volví a recuperar. Fuiste el gran amor de mi vida. Ese amor que sólo se
vive una vez y que no siempre tiene un final feliz. Ojalá te hubiese dicho esto
a la cara antes de que, como es ahora, fuese demasiado tarde. No tuve el valor
suficiente para hacerlo cuando pude, y ahora que has muerto y ya no estás aquí,
esta anciana de 91 años que escribe estas letras, piensa en ti cada vez que el
sol se pone detrás de las montañas. Algún día, presiento que no muy lejano, me
encontraré contigo donde quiera que estés.
Entre
lágrimas de anhelo te escribo esta carta con todo el dolor de mi corazón.
Firmado:
Tu
eternamente enamorada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario