sábado, 8 de noviembre de 2014

Carta de amor

Al amor de mi vida:

Es curioso, tenía tantas cosas que decirte, y sin embargo ahora no sé cómo empezar.

Ha pasado mucho tiempo desde la última vez que hablamos antes de tu partida a la guerra y aún recuerdo a la perfección aquella conversación. Estábamos tan enamorados, cada uno vivía para y por el otro, teníamos toda la vida por delante para estar juntos cuando me dijiste que tenías que irte a una misión secreta, que no podías decirme dónde, pero que volverías. Supuse que ser la pareja de un soldado era así y que todo pasaría y volverías como dijiste. Pero no volviste, me dijeron que habías muerto en una emboscada. Tardé mucho tiempo en superarlo, en volver a salir, a sonreír. Él estuvo ahí, apoyándome, consolándome, cuidándome, mientras yo lloraba por ti día tras día. Y al final pasó algo que no estaba previsto, nos enamoramos. Le culpaste a él, tu mejor amigo, por algo que había sido culpa de los dos. Él también sufrió tu muerte y nunca se perdonó el haberte traicionado enamorándose de mí. Pero, ¿Quién iba a imaginar que en realidad te habías salvado?

En el momento que volviste y te vi venir hacia mí, me invadió una alegría tan inmensa como la profunda tristeza que se sumía en mi corazón. Me encontré con dos amores diferentes al mismo tiempo. Jamás pude olvidarte, tú eras mi amor, mi futuro, mi sueño. Yo quería pasar mi vida contigo, viendo cada atardecer a tu lado, pero la vida no me preguntó que quería. Aquel día, el día de tu vuelta, acababa de descubrir que estaba embarazada.

Pude decirte que te amaba, que quería irme contigo lo más lejos posible de todo y de todos y vivir como siempre quisimos vivir, solos tú y yo. Nada de eso hubiese sido una mentira. Pero entiende que no podía ser egoísta y pensar sólo en mí, cuando en realidad estaba esperando un hijo de otro. A él también le quería, aunque era un amor distinto, fácil, sencillo, suave… Así que decidí quedarme junto a él para tener nuestro bebé y, así, ser una familia, a veces pienso que tal vez me equivoqué. He sido muy feliz en mi matrimonio y tengo unos hijos y unos nietos a los que adoro. Y sin embargo, algo me falta, me faltas tú.

Recibí todas y cada una de las cartas de amor que me has mandado a lo largo de todos estos años, por cada una, escribí una en respuesta. Nunca las envié, las mantuve a buen recaudo esperando poder dártelas en mano algún día. Y aunque sé que no tengo derecho a decirte esto ahora, tengo que hacerlo ya que es lo último que me queda por hacer:

Te quiero. Siempre te he querido y siempre te querré. Te quedaste una parte de mí que jamás volví a recuperar. Fuiste el gran amor de mi vida. Ese amor que sólo se vive una vez y que no siempre tiene un final feliz. Ojalá te hubiese dicho esto a la cara antes de que, como es ahora, fuese demasiado tarde. No tuve el valor suficiente para hacerlo cuando pude, y ahora que has muerto y ya no estás aquí, esta anciana de 91 años que escribe estas letras, piensa en ti cada vez que el sol se pone detrás de las montañas. Algún día, presiento que no muy lejano, me encontraré contigo donde quiera que estés.

Entre lágrimas de anhelo te escribo esta carta con todo el dolor de mi corazón.

Firmado:


Tu eternamente enamorada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario